El vendedor ambulante más honrado del mundo

Un comerciante gaditano rehúsa vender sus cometas cuando no hace viento para no entristecer a los niños

El vendedor ambulante más honrado del mundo

Una de las máximas comerciales más repetida a lo largo de la historia es aquella que dice que el cliente siempre tiene la razón. Esta frase señala lo importante que es tratar bien a la clientela, ya que sin ella es imposible mantener un negocio. Sin embargo, cada vez es más frecuente encontrar grandes empresas que se han apartado de esta filosofía y basan su estrategia en prácticas que molestan profundamente a sus clientes.

Tal vez, esos empresarios deberían tomar nota de la actitud de Jacinto, un vendedor ambulante de aviones de corcho en la playa de la Barrosa de Cádiz, cuya historia cuenta «El blog de Alberto Torron».

Según narra el autor de esta bitácora, durante sus vacaciones en la costa gaditana vio cómo muchos niños aprovechaban el viento para hacer volar unas pequeñas cometas en forma de avión de corcho -muy típicas en aquella zona- que vendía un hombre en la propia playa al precio de dos euros. Como se encontraba con varios niños, decidió regalarles algunas de estas cometas y envió a uno de ellos a comprarlas.

A los pocos minutos, el niño volvió desolado, alegando que el vendedor ambulante se había negado a entregarle los aviones, ya que «había poco viento y no volarían». Ante esa respuesta, el autor del blog se acercó hasta donde se encontraba Jacinto, el vendedor, para agradecerle su honestidad.

Una vez allí, Jacinto le explicó que prefería no vender los aviones que él mismo construía, antes que ver tristes a los niños porque estos no funcionaban. Casi sin saberlo, este vendedor ambulante estaba a punto de hacer una venta perfecta. Había advertido de los inconvenientes de su producto para que el cliente fuese absolutamente consciente de lo que estaba a punto de comprar.

Por eso, a pesar de saber que era muy posible que ese día no volasen, el autor del blog compró las cometas.

Muchos empresarios que se consideran de éxito deberían aprender de la honestidad de este hombre que prefiere sacrificar parte de su beneficio, a pesar de tener que hacer frente al costo de las licencias poder desarrollar su actividad, antes que vender los aviones que él mismo fabrica a sabiendas de que no cumplirán las expectativas de sus clientes. Porque, al final, un cliente satisfecho es el mejor activo que puede tener cualquier negocio.

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